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Full text of "Carlos Broschi : zarzuela en tres actos y en verso"

17 8 2 




/3 



CARLOS BROSCHI, 

zarzuela en tres actos y en verso, 



ORIGINAL DB 



DON TEODORO GUERRERO, 



MÚSICA DE 



D, JOAQUÍN ESPIS X GUILLEN. 




MADRID. 

tsupreitiu i)U«J f«í «le Operarios, á cargo lie Jvoqaiu JIhSc?, 
eullíiel Factor, número 9. 

48S3. 



Está zarzuela es propiedad absoluta de su 
autor, y perseguirá ante la ley al que la re- 
imprima 6 represente sin su consentimiento. 

Los corresponsales déla Galería Matriten- 
se, titulada El Teatro, son. 
exclusivos de su venta y adm 
los teatros de España y Ultramar. ' 



alerta Matriten- 



ESCRITA ESPRESAMENTE 

PARA 1* DISTIKSUIDA ARTISTA 

DOÑA EMILIA MOSGOSO, 

á quien se la dedica 

£foí>íro ©uerrfro. 




Madrid 13 de abril de 1853. 



ADVERTENCIA. 



El autor, al poner en escena á Carlos 
Broschi, sabia que este papel no debia es- 
cribirlo para un barítono, sino para una tiple 
que representara con mas propiedad al per- 
sonaje por su voz de soprano; pero no lo hizo 
£^g^|^porque creyó ver en ello un esco- 
ráronlo porque necesitando dos tiples para 
el desarrollo del plan , difícilmente encon- 
trada tres en las compañias líricas de Espa- 
ña. — El autor salva este defecto, en que ha 
incurrido á sabiendas : los otros muchos que 
contiene la obra , al crítico y al público les 
toca enumerarlos. 



PERSONAS. ACTORES. 

JULIETA Doña Emilia Moscoso. 

DUQUESA Doña Antonia Istuiuz. 

DON V INÉS N. N. 

CARLOS BROSCHI D. Onofre Muñoz. 

ALFONSO DE SANDOVAL. D. José González. 

CONDE DE ALMUDENA. . D. Antonio Capo. 

CABALLERO 4.° D. Enrique López. 

CABALLERO 2. c N. N. 

UN OFICIAL N. N. 

Caballeros, damas y cazadores. 



Los dos primeros actos pasa la acción en el palacio 

del Buen Retiro de Madrid; el tercero en los montes 

del Pardo. — Reinado de Fernando VI. 



ACTO PRIMERO. 



Salón iluminado del palacio del Buen Retiro. — Las 
damas y los caballeros forman diversos grupos y s e 
^^^ pasean. 



ESCENA PRIMERA. 

CORO. 

Nos llama la orquesta 

al regio salón; 

nos brinda la fiesta 

delirios y amor. 
Damas. Bailemos, bailemos; 

venid á bailar. 
Caballeros. Gocemos, gocemos; 

venid á gozar. 
Todos. Las horas que pasan 

no vuelven aquí. 

Las almas se abrasan? 

volad al festín! 

-r-Volad! los dolores 

se acaban allí. 

—Las almas se embriagan? 



668537 



m sss£ 



— Las luces se apagan? 

— Dejadlas morir! 
Damas. Bailemos, bailemos; 

venid á bailar. 
Caballeros. Gocemos, gocemos; 

venid á gozar. 
Todos. Nos brinda la fiesta 

delirios y amor. 

Nos llama la orquesta 

al regio salón. 
(Al retirarse el coro, entra el Conde, le ¡lama 
la atención y aquel le rodea.) 



ESCENA II. 

Conde, Damas y Caballeros. 



Conde. Escuchad una noticia 

de no pequeña importancia. 
— El rey está loco. 

Todos. Loco? 

Conde. Y la reina doña Bárbara 
tampoco; según las señas, 
tiene la razón muy sana. 
— Ya sabéis que en el palacio 
hoy las semifusas mandan, 
pues Carlos Broschi, ese bufo 
á quien el mundo le llama 
Farinelli, es el fac-tolum: , 
disfruta de una privanza 
que escandaliza á la corte. 

Cab. 2.° Todos le adulan. 

Cab. 1.° Le acatan! 

La reina misma le puso 
una cruz de Calatrava. 

Conde. No es raro: sabe cantar 
y toca bien la guitarra, 
con lo cual no será estraño 
llegue á ministro mañana. 

Cab. i.° Los reyes se lo han propuesto. 

Cab. 2.° Es amigo de Ensenada. 



Cab. i.° Los médicos le aborrecen. 

Conde. Sí: confiesan su ignorancia; 
no curaron al difunto 
rey Felipe, y con sus arias 
y cuatro gritos de pecho 
sus dolencias aliviaba 
Farinelli. 

Cab. d.° (Riéndose.) Al rey sin duda 
le picó alguna tarántula. 

Conde. Broschi dirige las fiestas 
para el rey; las serenatas 
del verano en Aranjuez, 
los embarcos en la escuadra 
del Tajo, iluminaciones, 
los fuegos en la jornada, 
y derrocha los tesoros 
en la ópera italiana. 

Cab. 2.° El á todas las artistas 
. i galantea, según fama. 

Cab. 4.° Pero prefiere á Julieta, 

á quien el rey, si no engañan 
las apariencias, proteje. 

Conde. Y la niña es buena alhaja, 
porque sigue relaciones 
con Sandoval, ese guardia 
de corps, todo sentimiento. 
Infeliz! busca en las tablas 
el amor... pero cuidado; 
lo digo aquí en confianza, 
que no me gustan los chismes 
ni hablar mal de nuestras damas. 



COSO. 

Guardaremos el secreto: 
nadie, nadie lo sabrá; 
pues infunde gran respeto 
nuestro labio callará. 
El secreto de una dama 
siempre envuelve una pasión, 



— 10 — 

y á los hombres les reclama 
el silencio y compasión. 

Viva el baile! 

No haya calma! 

quiere el alma 

disfrutar! 
(Se oye música dentro.) 

— En la fiesta 

ya la orquesta 

dá sus ecos... 

— A bailar! 
(Se retira el Coro.) 



ESCENA III. 

Conde: después La Duquesa. 

Cortesanos! malas lenguas! 
no queréis hablar de nada 
por miedo; pero sacáis 
con la mano agena el ascua. 

Duquesa. Conde... 

Conde. Duquesa, qué ocurre? 

Duquesa. Vamos, vengo despechada. 

Conde. Algún percance? 

Duquesa. Terrible! 

Conde. Referidme esa desgracia. 
Han suprimido la cena? 

Duquesa. Siempre glotón! 

Conde. La importancia 

de las cuestiones se mide, 
Duquesa, por lo que alcanza 
al estómago: si hay cena 
lo demás es poco ó nada. 

Duquesa. El minuet está bailando 
con Broschi. 

Conde. Quién? 

Duquesa. Doña Bárbara. 

Conde. La reina? Bravo! me alegro. 



— \\ — 

Duquesa. Os alegráis? ■ 

Conde. Sí: la danza 

es estímulo muy fuerte 

que abre de comer las ganas, 

y cenaremos mas pronto 

si mucho los reyes bailan. 
Duquesa. Sois incorregible. 
Conde. Tengo 

de filósofo las mañas. 

— Con que el italiano... 
Duquesa. Sí: 

le odio con toda mi alma, 

y poco puedo ó le quito 

su protección infundada. 
Conde. Tenéis envidia? 
Duquesa. (Con ironía.) Si, Conde. 
Conde. Hablaré mal al monarca 

de su favorito. 
Duquesa. Broschi 

tiene talento. 
Conde. No basta 

el talento. — Hablad. 
Duquesa. Julieta, 

según se dice, le ama, 

y para dar un escándalo 

que derribe su privanza, 

una orden de prisión 

le pediréis á Ensenada. 
Conde. (Sonriéndose.) Vais á prender?... 
Duquesa. Al ministro 

se la pediréis mañana, 

y por la noche en la ópera 

damos el golpe sin falta. 
Conde. Opera en el Buen Retiro? 

Cuál? 
Duquesa. Didone abbandonata. 

Conde. Qué quiere decir, Duquesa? 
Duquesa. Conde! Dido abandonada. 
Conde. No lo estrañeis, pues no entiendo 
de gorgoritos palabra. 
Opera! trinos y bulla! 
me gusta mas una jácara. 



— 12 — 

Quién comprende lo que dicen 

los músicos cuando cantan? 

Se den, lloran, se mueren 

al son de fagot ó flauta, 

y á f é que son impolíticos 

los artistas en las tablas, 

pues sin esperar su turno 

todos confundidos hablan. 

Duquesa, qué algarabía!.. 
Duquesa. No tenéis de artista el alma 

y me alegro, porque así 

podréis servirme mañana... 
Conde. Yo? 
Duquesa. Sí: con vuestros amigos, 

pues poniendo mala cara, 

con unos gestos á tiempo 

se hace entender que no canta 

bien Julieta. 
Conde. Allí no silban: 

nadie en los toros me gana. 
Duquesa. Haced ver á Sandoval 

que su Julieta le engaña. 
Conde. Duquesa! á un enamorado! 

es una empresa muy ardua! 

Los amantes son miopes: 

como vistas de aduana, 

que no ven el contrabando 

y sí lo que les regalan. 
Duquesa. (Sonriéndose.) Id al salón á observar. 
Conde. Tengo la vista muy larga. 

ESCENA IV. 

Duquesa. 

Vé, Conde; solo me sirves 

para empeñar la batalla. 

— Broschi ignora lo que puede 

una muger desdeñada. 

Mi debilidad confieso; 

sí, Farinelli: te amaba, 



— 13 — 

y con desprecios pagaste 
esta pasión insensata. 
Juro perderte: insensible 
á mi amor huyes la cara 
y prefieres á una actriz? 
Los dos verán mi venganza. 
Ella es joven y es hermosa 
y voy perdiendo mi gracia? 
— Si tiene miel en los labios, 
yo tengo hiél en el alma! 
(Se para delante de un espejo.) 



AIÍSV 

Los estragos que contemplo 
son efecto de los años, 
y producen desengaños 
á una férvida pasión. 
Ay! al sol de la hermosura 
quién su curso le parara? 
La vejez llega á la cara 
sin llegar al corazón! 

Cuando á lo lejos 

se ven los últimos 

bellos reflejos 

de nuestro sol, 

los ojos húmedos 

tristes anegan 

de ardientes lágrimas 

el corazón. 
(Broschi que ha escuchado al fondo los últimos 
versos se adelanta.) 

ESCENA V. 

Duquesa y Broschi. 
BU©. 

Broschi. Duquesa, en el espejo? 
Consulta?— Bravo! bien! 



_ 44 — 

Al sol de vuestra vida 

miraisle descender? 

Por Dios que siento mucho 

no ser otro Josué; 

su curso detuviera 

por veros hoy vencer 

en esa lucha eterna 

que al sexo fuerte hacéis. 
Duquesa. Eso es llamarme vieja. 
Broschi. Decirlo á una muger 

es mas que darle muerte: 

yo nunca lo diré. 
Duquesa. (Sonriéndose, señala á su cara. 

Un sol en Occidente 
(ídem al espejo.) 

la luna me hizo ver. 
Broschi. Engaña con sus rayos: 

no es confidente fiel. 
Duquesa. Vivis en ese mundo 

y allí nunca tendréis 

espejo donde el alma 

se pueda clara ver; 

yo miro sin engaños 

mi corazón en él. 

Soy vieja, no lo ignoro; 

mas vos lo sois también, 

que el alma que no siente 

es vieja eu la niñez. 



Broschi. Vive el alma de ilusiones; 
por un goce desvaria, 
y en la gloria el alma mia 
ha cifrado su ilusión. 
He nacido para el arte, 
insensible á los placeres, 
al amor y á las mugeres, 
pues no tengo corazón. 



Duquesa. (Con ironía.) No amáis á nadie? 
Broschi. A nadie. 



- 15 — 

Duquesa. No es cierto, porque sé 

que amáis á una cantante. 

Broschi. Su gloria puede ser. 

Duquesa. Sin corazón! qué risa! 
al mundo lo diré. 



Broschi. Qué importa en el mundo 

vivir sin amor? 
Es grande ventura 
tener corazón 
que sirve de estorbo, 
que apura el dolor 
de dudas y engaños, 
de falsa aflicción, 
y es necio ludibrio 
de un sexo traidor. 

Duquesa. (Dichoso se encuentra 

sin un corazón! 
Al hombre desprecio 
ajeno al amor!) 

(Se retira despechada. 



ESCENA VI. 

Broschi. 

Ah, Duquesa! tu poder 
contra mí pones en juego? 
Por fortuna no estoy ciego 
y conozco á la muger. 
Duquesa, no puedo amarte; 
no siente mi corazón, 
pues no tengo otra pasión 
que la música y el arte. 
Una muger no es conquista 
que envanece; la victoria 
está en la escena: la gloría 
es el sueño del artista. 

(Con entusiasmo.) 
Alli en la escena se lucha, 



— 16 — 

y ardiendo en inspiración 
se conmueve el corazón 
de todo un mundo que escucha. 
Se esfuerza en aquel momento; 
ansioso el público está, 
y siempre justo, le dá 
un aplauso á su talento. 
,Su pecho entonces enciende 
la conquista de otra palma, 
y se ensancha al ver su alma 
que el público le comprende. 
Subí en alas del favor 
de las tablas al palacio; 
pero aquí me falta espacio, 
porque me falta mi amor. 
No quiero honor ni oropeles, 
todos me sobran aquí; 
yo para el arte nací: 
quiero aplausos y laureles. 
Los gano si los merezco; 
del favor soy enemigo. 
Público, sueño contigo! 
público, te pertenezco! 

ESCENA VII. 

Julieta y Broschi. 

Julieta. Broschi. ¡i» 

Broschi. Ven acá, hija mia; 

me encuentras en un momento 
de gloria. 

Julieta. Vuestro talento 

por la gloria desvaría. 

Broschi. Yo te he enseñado, Julieta, 
y cuando el mundo te ofrece 
laureles, mi dicha crece 
y mi gloria se completa. 
Tú seguiste mi lección 
y estudiaste con afán; 
los aplausos que te dan 



17 — 



Julieta. 



Broschi. 



Julieta. 
Broschi. 



Julieta. 

Broschi. 
Julieta. 
Broschi. 



suenan en mi corazón. 
Me pareció una quimera 
vencer al arte, un delirio; 
paga un aplauso el martirio 
de esta espinosa carrera. 
Broschi, adoro á Sandoval 
con un cariño profundo; 
y si le adoro, ese mundo 
por qué me comprende mal? 
Me entrego al arte con fé; 
con fé al amor me abandono: 
la virtud tiene su trono 
adonde quiera que esté. 
Es verdad; deja que diga 
de tí el mundo cuanto quiera, 
y obra bien: de esa manera 
al fin se mata la intriga. 
A los dos nos quiere ma 1 
la Duquesa; trata poco 
á esa muger, pues tampoco 
.quiere bien á Sandoval. 
A Alfonso? 

Con ella lucho . 
por vencerla; no te importe: 
si puede mucho en la corte 
yo en palacio puedo mucho. 
Noble y rica, su victoria 
es segura. 

Vencerás. 
Tiene ella... 

Tenemos mas: 
tenemos talento y gloria. 
(Sale Sandoval, de guardia de eorps.) 



ESCENA VIIL 



Dichos y Sandoval. 



Jllieta. Alfonso! 

Sandoval. {Le estrecha la mano.) Julieta! 

Julieta. (Mirándole p jámente. ~í 1)í: 

2 



— A 





estás triste? 


Sandoval. 


El rey me mira 




como enojado: me inspira 




recelo. 


JüLIETA. 


Recelo? . 


Sandoval. 


Sí. 


Broschi. 


No temáis, pues vuestro amor 




vencerá; contad conmigo: 




puesto que soy vuestro amigo 




seré también protector. 




(Les estrecha las manos y se retira.) 



ESCENA IX. 



Julieta y Sandoval. 



Sandoval. Buen amigo! se interesa 
por los dos. 

Sí: mas no puedo, 
Alfonso, vencer el miedo 
que me inspira la Duquesa. 
—Qué causa, dime, su intriga? 
No sé; pero no te importe. 
Sí: vale mucho en la corte 
y sé que es nuestra enemiga. 
Si es firme nuestra pasión 
nada importa su valer; 
puede acaso esa muger 
robarte mi corazón? 



Julieta. 



Sandoval. 
Julieta. 

Sandoval. 



DÚO. 

Julieta. El amor que te profeso, 

que es mi dicha, mi embeleso, 
con el arte 
lo comparte 
mi ferviente corazón. 
Sa*doyal. A pintar el amor mió, 

que es mi dulce desvario, 



— 49 — 

no me atrevo; 
me conmuevo 
porque sueño con tu amor. 
Julieta. Qué me importa mi enemiga, 
ni la torpe, necia intriga 
de ese mundo, 
' si es profundo 
el cariño que me das? 
Sakdoval. Aunque el mundo es inclemente, 
una pena no se siente 
en la vida, 
pues se olvida 
cuando el hombre sabe amar. 



Julieta. El arte es mi gloria: 

mi vida tu amor; 
el sueño del alma 
mirar tu pasión, 
que crece á medida 
que amándote voy. 
Mi Alfonso, te adora 
mi fiel corazón. 
Sasdoval. Tu gloria es mi gloria; 
mi fé tu pasión, 
pues hallo en tus ojos 
la fuente de amor. 
Si cantas, me inspira 
- tu célica voz. 
Te adora, Julieta, 
mi fiel corazón. 
Los dos. Si goza el alma, 

serena y tímida, 
la dulce calma 
de fiel pasión; 
todo lo olvida, 
se agita férvida, 
y es nuestra vida 
raudal de amor. 



Sandov. 
Julieta. 



Sasdóv. 

Julieta. 



Sandov. 
Julieta, 



Sándov. 



Julieta, 

Sandov. 
Julieta. 



- 20 -- 

Mañana cantas? 

Oh! sí; 
viéndote me inspirarás: 
mañana, Alfonso, verás .... 

cómo canto para tí. 
La Dido voy á cantar: 
cuando en la escena me veas, 
serás, Alfonso, mi Eneas: 
cómo me vas á inspirar! 

Y te aplaudiré, Julieta. 
No aplaudas, Alfonso, .no: 
tú cantas conmigo: yo, 
arriba, tú en la. luneta. 
(Sonriéndose.) Canto muy mal. 

Te daré 
la inspiración de mi amor. 
Conmigo estará ei tenor; . 
pero en él te miraré.: 

Y allí nadie nos comprende; 
te muestro mí amor profundo 
á la faz de todo un mundo 

que nuestro amor no comprende. 
(Con candor.) 

Y no lo vé con enojos 
porque lo ignora: no siente', 
esa eléctrica corriente. 

que establecen nuestros ojos. 

Por tí canto, arrebatada, 

pues mi voz te pertenece, 

y el alma mia te ofrece 

su fuego en una mirada. 

Aplausos anhelo, sí; 

gozarás con mi victoria! 

Quiero, Alfonso, mucha gloria 

por valer mas para tí. 

(Sonriéndose, le estrecha una mano entre lat 

suyas.) 

Me verás en el tenor? 

Sí: á nadie se lo diré. 

Yo tu canto admiraré. 

Mi canto será tu amor. 



— 21 — 



ESCENA X. 



Dichos y El Conde. 



Conde. 


(Desde el fondo.) 




(Los dos juntos? — Bien: hay dúo? 




aqui sobra melodia.) 




(Se adelanta.) 




Señor Sandoval, la ilustre 




Duquesa de la Marina 




me ha preguntado por vos. 


Julieta. 


(Alterada.) La Duquesa? 


Conde. 


Le precisa 




hablar con vos al momento. 


San'dov. 


No sé... 


Conde. 


Lleva aquí la intriga; 




goza favor en palacio, 




y el rey en ella confia. 




— Un asunto del servicio... 


Julieta. 


No vayas, Alfonso. 


Conde. 


Niña! 




qué decís? Un militar 




negarse?... Bueno seria! 


- 


Si alguna vez soy ministro 




mandaré que en la milicia 




no se aliste ningún mozo 




si primero no le quitan 




el corazón, ó á lo menos 




que lo lleve en la mochila 




para que nunca le estorbe. 


Sandov. 


La Duquesa... 


Conde. 


(Ap. á Sandoval.) Andad aprisa, 




que os conviene. 


Sandov. 


Voy. 


Julieta. 


Te vas, 




Alfonso? 


Sandov. 


Vuelvo en seguida. 



22 — 



ESCENA XI. 

Julieta y Conde. 

Conde. (Lo eché de aqui; los amantes 
son tontos. Ahora es la mia.) 
. Es cierto que una muger 
de alma tan grande, una artista 
de corazón, que seduce 
á cuantos hombres la miran, 
quiere á ese guardia de corps, 
todo ternura y almíbar, 
tan blando que se derrite 
haciendo el coco á las niñas, 
sin ver que todas se burlan... 
Julieta. Silencio, Conde! Me indigna 

que habléis de ese modo. 
Conde. Ya; 

siempre la muger se irrita 
cuando sabe las flaquezas 
de su amante, mas seria 
un crimen en mi amistad, 
sabiéndolas no decirlas. 
Julieta. Callad, Conde, pues desprecio 

las cortesanas hablillas. 
Conde. Yo también, pero me gusta 
comunicar á una amiga 
lo que le toca de cerca. 
Julieta. (Con disgusto.) Conde, estoy agradecida, 

mas nada saber deseo. 
Conde. Corriente, decir quería 

que la Duquesa... y Alfonso... 
Me callo: en que no lo diga 
os empeñáis. 
Julieta. (Con interés.) La Duquesa?... 

qué?... (El corazón se me agita!) 
Hablad, Conde. 
Conde. No por cierto; 

no digo esta boca es mia. 
Julieta. Hablad.— Qué pasa? 



— 23 — 

Conde. No hablo, 

porque fuera hablar de hablillas, 
y no os gustan. 
Julieta. (Impaciente.) Decid, Conde.... 
Conde. Ese interés... varaos, niña! 

qué cambio! — Nada os importa , 

la Duquesa, ni su intriga, 

ni su amor; estáis segura... 
Julieta. (Con emoción.) De qué? 
Conde. (Diré una mentira.) 

La Duquesa, pues no es nada; 

escuchad que es fidedigna 

la nueva. 
Julieta. (Se acerca mas al Conde.) Qué? 
Conde. (Duda.) Nolo'digo. 

Julieta. Por Dios! 
Conde. t Dejad que en las mias 

estreche una mano vuestra 

y lo contaré en seguida. 
Julieta. Conde! 
Conde. Negarme una mano 

que daisá cualquier corista! 

Sabéis que la da el cantante 

siempre que el caso lo exija. 
Julieta. (Sonriéndose para ocultar su ira.) 

No estamos en el teatro. 
Conde. Sí: la escena no es la misma: 

este escenario es mas grande; 

pero aqui somos artistas. 

— Si no me dais una mano, 

tampoco sabréis la intriga. 
Julieta. La daré; pero decidme 

pronto. 
Conde. Os lo diré de prisa; 

por Sandoval, la Duquesa 

se muestra de amor perdida. 
Julieta. Me engañáis! es imposible! 
Conde. No: me lo ha dicho ella misma, 

y si os descuidáis, de fijo, 

pues sabe mucho, os lo quita. 
Julieta. (Con ira.) Ah! por eso le llamaba! 
Conde. Está claro. 



— n — 

jijlieta. Qué perfidia! 

Conde. Ya hablé: venga vuestra mano. 

Julieta. Conde! 

Conde. Es cosa convenida, 

y faltarme no podéis... 
(Va á cogerle la mano y ella la relira. — Bros- 
chi entra y permanece al fondo.) 

Julieta. Respetad... 

Conde. (Insistiendo.) La mano es mia. 

Julieta. Conde, estamos en palacio. 

Conde. No hay miedo; nadie nos mira. 

(Mirando hacia la derecha va á apoderarse de 
la mano de Julieta que está á su izquierda, y 
no vé á Broschi, que por este lado llega y le 
pone su mano; el Conde se apodera de ella y 
la estrecha con efusión entre las suyas.) 



ESCENA XI!. 



Dichos y Broschi. 



COKDE. 


Vencí! 




Broschi. 


(Al oido.) Tengo calentura? 




Conde. 


(Vuelve la cabeza, se asusta y suelta la 
Huy! 


mano.) 


Broschi. 


Estudiáis medicina? 
qué tal el pulso? 




Conde. 


(Turbado.) No sé... 
Broschi... (Ya me parecía 
que no era el cutis muy fino.) 




Broschi. 


Qué buscabais? 




Conde. 


Yo?... las líneas 
de la mano para hablarle 
sobre su amor. 




Broschi. 


Sois sibila? 




Julieta. 


Fué un atrevimiento! 




Conde. 


No: 
fué un derecho de conquista. 




Broschi. 


(A Julieta.) Mañana cantas la Dido; 
puesto que el Conde adivina, 
el éxito de la ópera 





— Re- 
quiero que al punto nos diga. 

Conde. Yo? 

Broschi. Sí. 7 

Conde. (Demonio! parece 

que sabe Ja trama urdida.) 

Julieta. Conde, me habéis engañado. 

Broschi. (Le pone la mano en el hombro.) 
Ya os conoce la mentira; 
pero también os conozco. 

Conde. Somos amigos. — Mi vida 

os pertenece. — Hasta luego. 
(Hace un saludo.). 

Broschi. Veremos si se desliza 
la lengua. 

Conde. Qué! no hay cuidado; 

voy á ocuparla solícita 
en la cena. (Mi venganza 
caiga en la filarmonía.) 

ESCENA XII!. 

Julieta y Broschi. 



Julieta. 
Broschi, 



Broschi. Tengo que participarte 
una funesta noticia. 
Funesta? 

Mucho, Julieta. 
Aqui han formado una intriga 
la Duquesa con el Conde 
y varios; una perfidia, 
una cabala: mañana, . 
si en un punto te descuidas.. . 
Cómo! 

No te aplaudirán, 
porque algunos lo decían, 
cuando ha poco atravesaba 
la próxima galería. 
Será posible? 

Confio 
en que tienes simpatías 
y en que el público ilustrado 



Julieta. 

Broschi, 



Julieta. 
Broschi 



— 26 — 

sabe apreciar al artista. 

Julieta. Con valor arrostraré 
esa venganza enemiga; 
si allí se encuentra mi Alfonso 
mi pasión la desafia; 
cantaré con toda el alma, 
de mi papel poseída, 
y como yo cante bien 
el público no vacila. 
— No lo esperáis? 

Broschi. Sin embargo, 

un esfuerzo necesita 
el cantante cuando sabe 
que hay emboscada maligna. 
— Mañana quiero, Julieta, 
que te escedas á tí misma. 



FINAL. 

No temas! no, descuida: 
si cantas el rondó 
como hoy en el ensayo, 
te espera una ovación. 

Julieta. Veremos; si me encuentro 

-un poco mal de voz, 
acaso no me aplaudan 
en toda la función. 

Broschi. Demuestra mucho fuego 

y canta sin temor. 
— Recuerdas cuando Dido 
llorando su pasión 
se lanza entre las llamas 
por su acendrado amor? 
— A ver cómo lo dices: 
repíteme el rondó. 

Julieta. Recuerdo aquellos versos 

y aqui á cantarlos voy (4): 
nVado... Ma dovc.Oh Dio\ 



(1) Los versos italianos son del final de la ópera 
Didone abbandonata, deMetastasio. 



— 27 — 

vResto... Ma poi...che fot 
vDunque morir dovró 
nsenza trovar pietá.r» 
Broschi. Magnífico! sublime! 

Mañana harás furor! 
Julieta. Qué gusto si la intriga 

venciera con mi voz! 
Broschi. La vences, mas no olvides, 

que es fuerza mucha acción. 
—Al verte abandonada 
de Eneas el traidor, 
te falta movimiento, 
te falta agitación. 
Julieta. Me falta en el ensayo; 

á repetirlo voy. 
Broschi. Supon que soy Eneas, 

el pérfido tenor; 
me marcho, te abandono, 
y tú con dulce voz 
estrecha cuenta pides 
de aquel perdido amor. 
Julieta. Entiendo. 

Broschi. (Hace que Julieta lo coja por el brazo.) 
Mucho fuego! 
Detenme, que me voy. 
(El Conde va á entrar hace un gesto y se re- 
lira.) 
Julieta. Qué risa! nuevo ensayo? 

Broschi. Sujeta mas! 

Julieta. (Suplicándole.) No, no. 
Broschi. Te dejo abandonada; 

olvido ya tu amor. 
Julieta. Soy Dido! soy tu amante! 

Broschi. Ah! para siempre adiós! 

Julieta. Me matas si me dejas! 

Broschi. Tu amor al fin venció! 

(La abraza.) 
—Abrázame con fuego; 
demuestra mas pasión. 
(Sale por el fondo el Conde, trayendo de las 
manos á la Duquesa y á Sandoval. — Detrás, las 
Damas y Caballeros.) 



28 — 



ESCENA XI' 



Dichos, Sandoval, Duquesa, Conde y Coro. 



Coro. 




Já,já! 


Conde. 


s 


Soberbio grupo! 


Sandot. 




Ob rabia! vive Dios! 


Todos. 




Se abrazan! 


Coro. 




Bravo! bravo! 


Broschi. 




Qué espanto! 


Julieta. 




No hay razón. 


Sandov. 


(A 


Julieta.) Ah pérfida! jne engañas 


Duquesa. 




Que niegue ya su amor. 



Broschi. Aquí estábamos cantando 

de mañana la función; 

solo visteis ensayando 

á la tiple y al tenor. 
Coro. Ay! qué risa! en dulces lazos 

encontramos á los dos; 

ensayaban con los brazos 

una escena de pasión. 
Saudov. (A Julieta.) Tú, sirena engañadora, 

di, qué has hecho de tu amor? 

Infeliz del ser qué adora 

á muger sin corazón! 
Julieta. Sella, sella, Alfonso,- el labio! 

mal comprendes mi pasión! 

El hacerme tal agravio 

me destroza el corazón! 
Condb y Duq. (Es sabrosa la venganza; 

hoy me vengo de los dos; 

y si el golpe cierto alcanza, 

qué me importa su dolor?) 



' 



— 29 — 

Sandov. (.4 Broschi.) La he visto en vuestros brazos! 

negadlo, vive Dios! 
Broschi. (a Julieta.) Si el mundo te abandona, 

aqui te quedo yo. 
Duquesa. (Aparte al Conde.) Mañana espero, Conde, 

la orden de prisión. 
Conde. (A la Duquesa.) Dirijo yo la intriga: 

soy músico mayor. 



Cobo. El mundo niega 

lo que no vé, 

mas lo que mira 

debe creer. 

Las apariencias 

son una red 

que los misterios 

saben prender. 

Broschi. Las apariencias 

. saben también, 

que al fin son hembras, 

mostrar doblez. 

No es caballero 

quien nada vé 

y acusa infame 

á una muger. 
Sandov. (A Julieta.) Me has engañado, 

falsa y sin fé! 

Ay del que fia 

en la muger! 

Ah! no me heriste 

con un desden 

para matarme 
• siéndome infiel. 
J«ueta. Sella tu labio! 

no te engañé: 

tu agravio mata 

á una muger! 

Te adora el alma! 

siempre soy fiel; 

nada me acusa: 



— So- 
lo probaré. 
Co*dk t Duquesa. (Marcha mi intriga! 
voy á vencer. 
Quiero vengarme 
ya de los tres. 
Mañana el mundo, 
siempre cruel, 
sabrá burlarse 
de su honradez.) 



FIN DEL ACTO PRIMERO. 



mmmmmmmmmmm 



ACTO SEGUNDO. 



Salón de descanso del teatro del Buen Retiro. — Al 
fondo, una escalera que baja á los jardines. — A la 
izquierda, dos puertas: la primera dá al escenario; 
la segunda á la platea. — A la derecha, una mesa 
con recado de escribir. 



ESCENA PRIMERA. 

Al alzar el telón, se oyen aplausos dentro y salen por la 
segunda puerta los Caballeros. — Después Broschi. 

AMD A J COBO. 

Cabal. Magnífico! magnífico! 
magnífico espectáculo! 
conmueve á todo el público 
Julieta con su voz. 

Magnífico! 
Las notas de la música 
inspiran á los ángeles 
los ecos del amor. 



— 32 — 

Broschi. (Demostrando gran satisfacción.) 
Magnífico! no es cierto? 
Su voz agita el alma! 
se lleva aqui la palma 
de la función. 
Divina cuando canta! 
Sublime cuando llora! 
El ser que no la adora 
no siente amor. 

Cabal. Magnífico! magnífico! 

A nuestra artista .celebre 
la aplaude siempre el público 
con loco frenesí. 
Magnífico! 
magnífico espectáculo! 
la gloria y el estrépito 
la escena van á hundir. 

Broschi. Magnífico! magnífico! 

La gloria! sueño mágico 
que agita el alma férvida, 
que causa un frenesí. 



Cabal. 



Broscbi, 



Car al. 



Su gloria me arrebata; 
su gloria es toda mia; 
por «ella desvaría i 

mi corazón. 
La adoro por el arte, 
que el arte me enloquece; 
Julieta lo ennoblece 

con mi lección. 

Nos dice el músico 

con aire candido, 

que es su discípula 

y nada mas. 

— Já, já. — Já, já. 

Es mi discípula 

y nada mas. 

Já, já. — Ja, já. 



— 33 — . 

Broschi. Yo no miro, pobres almas, 

en la artista 

la muger. 
Me corono con las palmas 

que conquista 

su saber. 
Cabal. Una artista se hace dueña 

de la vida 

de otro ser; 
pues el hombre que la enseña 

nunca olvida 

que es muger. 
Broschi. Con la artista no soy hombre; 

es la gloria 

mi placer. 
Me envanece, pues su nombre 

en la historia 

quiero ver. 
(Se repite el último coro.) 



ESCENA II. 

Dichos.— Salen por la segunda puerta el Conde y el 
Caballero \.° {del trazo.) 

Broschi. Es admirable! esta noche 

está sublime Julieta. 
Conde. (Al Caballero, sin ver á Broschi.) 

Vale muy poco; este público 

no sabe lo que se pesca. 
Cabal. Por Dios, Conde! 
Conde. Es claro: aplauden 

á la dama porque es bella. 
Broschi. (Mirándolo fijamente.) 

Qué decís? 
Condk. (Cambia de tono.) Querido Broschi, 

recibid mi enhorabuena, 

pues gana vuestra discípula 
3 



— 34 — 

los laureles de la fiesta.. 

Cántalo mismo que un ángel; 

es decir, según nos cuentan y 

porque yo jamás he oido 

ningún ángel en la tierra. 

Yo deliro por el arte; 

la música me embelesa, 

y tanto, que no es estraño 

que escuchándola me duerma. 
Cabal. No dijisteis hace poco 

que cantaba mal Julieta? 
Conde. Yo? 
Cabal. Sí!- • 

Broschí. Dicen que la- música 

domestica hasta las fieras; 

á los necios no, pues tienen 

alma de corcho, y la oreja 

por grande tan obstruida 

que sus ecos no penetran.. 
Conde. Gracias. — Tengo felizmente 

las orejas tan pequeñas 

que mas de cuatro conquistas 

me han valido entre las bellas. 
Broscei. No 16 dudo. 
Cabal. Farinellí, 

no tomáis parte en la fiesta? 
Broschí. No: soy esta noche público, 

y por Dios que no me pesa, 

pues he gozado escuchando 

los acenios de Julieta. 

Es una Dido admirable. 
Cabal. (Sonriendo.) Quién fuera, Conde, su Eneas? 

Cantando enamora. 
Cosde. ! Canta 

mejor que las estranjeras, 

y quisiera que cantase 

un aire de nuestra tierra, 

pues maldito si comprendo 

ni un vocablo de esa jerga 

de Italia.— Soy español! 
Baoscm". De vos la España reniega. 
Cabal. (Al coro.) Será corto el entreacto 



' 



— 35 — 

y las damas nos esperan. 
(Entran por ¡a segunda pupria.) 

ESCENA III. 



Broschi y Conde. 

Broschi. (Irritado, ,coje al Conde por un brazo.) 

Estamos solos? 
Conde. (Mira asustado á su alrededor.) Parece.. 
Broschi. Tenemos que aj.ustar cuentas. 
Conde. No- es posible, pues no sé 

una jota de aritmética. 
Broschi. Es una cuenta muy clara 

que habéis de hacer á la fuerza. 

Somos dos? Pues uno sobra. 
Conde. Ya lo entiendo: es una resta. 

De aquí mi persona quito: 

os quedáis y ya está hecha. 
Broschi. (Lo detiene.) Ño, Conde; nos separamos 

después que os corte la lengua. 
Conde. Estáis loco? No: prefiero 

que me cortéis uua pierna, 

porque me queda la otra; 

cómo he. de comer sin ella? 
Broschi. Ya sé ;que estáis intrigando 

contra mí con la Duquesa, 

y que jurasteis perder 

á Sandoval y á Julieta. 
Conde. Qué delirio!, \ .;....; 
Broschi. Salid pronto, 

porque mi espada desea... 

(El Conde se estremece.) 

—Tembláis? " 
Conde. . Sí: me voy adentro/ 

porque hace frió aqui fuera. 

(Vá á salir precipitadamente y tropieza con 

Sandoval que. lo detiene.) 

— w san 

. ¡III 





— 36 — 




ESCENA IV. 




Dichos y Sandoval. 




TEUCETO. 


Sandov. 


Esperad, porque tenemos 




una cuenta que arreglar. 


Conde. 


Otra cuenta? 




No comprendo; 




matemáticas no entiendo; 




nada tengo que pagar. 


Sandov. 


(A Broschi.) Vos también debéis pagarme 


Broschi 


. Mirad bien lo que decis. 


Sandov. 


Vi formando 




dulces lazos 




á Julieta en vuestros brazos 




con amante frenesí. 


Broschi. 


Qué locura! vuestra mente 




se trastorna, Sandoval! 


Conde. 


Si está loco 




fuera mengua... 


Sandov. 


Con mi espada vuestra lengua, 




señor Conde, he de cortar. 


Conde. 


(Pobre lengua! me la cortan!) 


Broschi. 


(A Sandoval.) Ella guarda vuestro amor. 


Sandov. 


(Fuera de sí.) Salid pronto! 




Los dos juntos! 


Conde. 


Cuando estéis los dos difuntos 




yo rae bato con los dos. 



Sandov. Yo la amaba como un niño, 
y me roban la ilusión; 
al perder hoy su cariño 
se trastorna mi razón. 
Pobre pasión! 
mata un engaño 
mi corazón. 



— 37 — 

Broschi. Ese mundo se alboroza 
cuando os roba la razón; 
mundo infame que se goza 
en matar un corazón. 
Sin compasión 
destroza el mundo 
una pasión. 
Conde. (No comprendo la ternura 
ni comprendo ese dolor; 
solo sé que la hermosura 
inspirar sabe el amor. 
Qué torcedor! 
no arde la llama 
. _ de mi valor!) 



Sandov. (Coje al Conde por un brazo.) 

Salgamos al campo. 
Conde. Batirme no quiero. 
Broschi. (Coje al Conde por el otro brazo.) 

Conmigo primero 

tenéis que reñir. 
Conde. No riño con nadie; 

reñir no me gusta. 

(La muerte me asusta:. 

yo quiero vivir.) 



I 



Broschi y Sandov. (Tiene miedo 
que es cobarde; 
aunque tarde 
mi venganza, 
en mi pecho la esperanza 
de alcanzarla guardaré. 
Y si llega 
algún dia 
que la suerte 
me lo entrega, 
por despecho cruda muerte 
con mi espada le daré.) 



. 





1 








. 



— 38 — 

Conde. (Tengo miedo; 
soy cobarde! 
como tarde 
su venganza, 
de seguro no me alcanza 
pues la corte dejaré. 
Y si llega fi¡ 
"algún día 
que el destino 
los entrega 
y los pone en mi camino 
esta ofensa vengaré.) i 
;! i 
';,,' i in " > 



ESCENA V. 

( .... M ... : ' ■• ' '■ ■ • ■' 

Dichos. — Julieta en traje de Dido, sale por la primera 
puerta. 

' •'■■ ) • " : ; ' '■'• • ■' ; ' 

Julieta. Alfonso! 

Sandov. Aparta! ' ■• 

Julieta. Es posible? 

me rechazas? 
Sandov. Sí, Julieta; 

te amaba con toda el alma, 

y me has engañado, pérfida! 
Julieta. Me calumnias! 
Broschi. Sandoval, 

perdido habéis la cabeza; •"■ Vi ' J ' 

pues dais crédito infundado 

á una sencilla apariencia. 
Sandov. Vive Dios! mienten los ojoá ; 

que ven, y al alma dan cuenta 

de que mi amante en los brazos 

de un hombre amado se entrega? 
Julieta. Ah! tu razón se estravia! 
Broschi. Perfidias de la Duquesa ' 

y del Conde... 

(Se vuelve y vé al Conde que de puntillas se 

escapaba; corre y lo coge por elbrazói) 



CONDE. 

Julieta. 
Sandov. 
Cosde. 



Bkoschi 

CONDE. 

SakbÓv. 

Julieta. 
Conde. 



— 39 — 

— Ko: venid 

á dar fe que vuestra lengua 

ha calumniado... 

(Llega al proscenio.) Doy fé. 

(Con ansiedad.) Lo ves, Alfonso? 

(Desesperado.) Julieta! 

Despacito! los amantes 

lo echan todo á la tremenda 

y oyen lo que les conviene. 

Fé disteis... 

Y quién le niega? 

Me cortasteis la palabra.. - 

Hablad. 

Sí, Conde! 

Paciencial 

— Me retracto. 
Los tres. Qué decís? 

Conde. (Aturdido.) Doy fé de cuanto se quiera: 

soy escribano, que firma 

todo lo que lo presentan. 

(A Julieta.) Lo ves? El Conde te acusa. 

Oculos vldit. 

Julieta! 

Sandoval, volved en vos; 

quien la confianza niega 

á una muger, es indigno 

de su amor. 

¥ quién acierta 

á descifrar este enigma? 

£1 mundo la considera 

culpable: yo nada creo; 

pero esta lucha me aterra, 

me está desgarrando el alma. 

{Coge de las manos á Broscht y á Julieta, y 

les dice con misterio.) 

La protección que dispensan 

á la artista en el palacio 

no es al arte ni á Julieta, 

y da pábulo á que digan 

que está celosa la reina. 
Co nde. (Se acerca y mete la cabeza en el grupo .) 
Es verdad. 



Sandov. 
Conde. 
Sandov. 
Broschi 



Sandot. 



40 



Sandov, 


, (Lo rechaza.) A esos villanos 




les cortaré las orejas. 


Conde. 


Qué? (Va á hacernos perros dogos? 




andará la corte buena.) 


Julieta. 


Alfonso, estás delirando; 




no es posible que tú creas 




tan vil calumnia. 


Sandov. 


Yo? Dudo, 




y la duda me atormenta. 


Julieta. 


(Con dignidad y con ira.) 




Eres indigne de mí! 




Huye de mi lado; deja 




que mi honor maltrate el mundo; 




no ama bien el que sospecha. 




Vivo á merced de la corte! 




Oh! sí: maldita carrera! 


• 


Haré frente á la calumnia, 




y mi virtud saldrá ilesa. 


Broschi 


. (Pobre niña! cuan injusto 




es el mundo!) 


Sandov. 


Sí, Julieta; 




mi amor me pide venganza! 




yo necesito una presa 




donde ensañarme!... Vos, Conde, 




me pagareis esta deuda 




que el mundo tiene conmigo. 


Conde. 


Estáis loco? qué ocurrencia! 




Aqui soy piedra de toque 




adonde todos tropiezan. 


Sandov. 


Sois falsario. 


Conde. 


Me insultáis? 


Sandov. 


Sí, Conde. 


Conde. 


(Con ira.) Tamaña afrenta! 


Broschi. 


Al íin demostráis ser hombre. 


Conde. 


Ya no sufro. . 


Broschi. 


Salid fuera. 


Conde. 


Dos contra mí? 


Sandov. 


No: primero 




conmigo. 


Conde. 


Queréis que sea 




un héroe? 


Sandoy. 


Salgamos* 



— 41 — 

Conde. (Con decisión.) Voy. 

(Se detiene un momento.) 
(Cómo me tiemblan las piernas!) 
(Bajan los tres por la escalera del fondo.) 



ESCENA VI. 



Julieta. 



Se van á batir! Air! Dios 
justicia hará por su mano! 
Muera el Conde: es un villano! 
pero que salve álos dos. 
Mi Alfonso! no puede ser 
que dude! — Estoy impaciente! 
(Con sarcasmo.) 
— La gloria! abrasa mi frente! 
Cuesta cara á la mueer! 






ESCENA Vil. 



Julieta y Duquesa. 



DIO. 



Duquesa. 



Julieta. 
Duquesa. 



Julieta. 



No estraño, bella artista, 
que bien sepáis cantar 
la Dido abandonada... 
(Con intención maliciosa.) 
Eneas se fué ya. 
Mi pecho fiel le adora. 
Tendréis que confesar 
que vuestro pecho quiere 
no solo á Sandoval. 
Duquesa, vuestro insulto 
lo debo perdonar. 
— La lucha me ofrecisteis? 
qué pretendéis?— Hablad. 



— -12 — 

Decidme si á mi Alfonso 

me lo queréis robar. 
Duquesa. Qué gracia! Yo duquesa j 

seré vuestra rival? 
Julieta. Mi ilustre nacimiento 

á vos me hace igualar. 



Duquesa. Ah! sí, reina sois del arte; 
mi señora, perdonad; 
pero reina de una noche, 
conel.cetro.de metal 
y con mil vasallos fieles 
(Inclinándose irónicamente.) 
que á la vuestra magestad 
con algún silbido fiero . ¡ 
la pudieran saludar. ul- 

Julikta. He nacido artista y pobre, 
pero tengo dignidad; 
solo vivo para el arte: 
solo vivo para amar. 
Con amor y gloria sueño, 
porque valen mucho mas 
que los timbres de nobleza 
que supisteis... lieredar.¡ ; ' 



Duquesa. 

Julieta. 

Duquesa. 

Julieta. 



Queréis á -Fárinelli? ■■■ 
Adoro á'Sandoval. ; ;:i 

Virtud en el teatro! 
Adonde la encontráis? 
Virtud en todas partes 
el mundo' encontrará. 



Duquesa. 



(La pobrecilla 
con su fiereza, 
con su belleza, 
luchar pretende, 






— 43 — 



Julieta. 



y pues me ofende, 


valga mi intriga, 


y mi enemiga 


siempre será. 


No me intimida; 


de; encantos llena 


saldrá á la escena, 


y allí la espero; 


rendirla quiero, 


y mi victoria 


su dulce gloria 


le robará.) 


(La gran señora 


con su fiereza, 


con su nobleza 


luchar pretende, 


y aunque me ofende 


su torpe intriga, 


nunca enemiga 


en mí tendrá. 


No me intimida; 


de encantos llena 


saldré á la escena , 


y allí la espero; 


rendirla quiero, 


y mi victoria, 


teniendo gloria, 


me vengará.) 



ESCENA Vül. 



Dichos. — Un Ugier, por la primera puerto. 



Ugier. (A Julieta.) Señora, se va á empezar. 
Julieta. Bien. (Se retira el Ugier.) 
Duquesa. (Burlándose.) Luciréis- vuestro brío? 
Julieta. (Con dignidad y con entusiasmo.) 

Duquesa, queréis luchar? 

Pienso en él! Voy á cantar! 

Me esperan!— Os desafio! 



- 44 — 
ESCENA IX. 

Duquesa. 

Me reta? pobre muchacha! 

Luchar? No sabe quién soy... 

(Se detiene y cambia de tono.) 

— Sin embargo, en esta lucha 

llevo la parte peor; 

me hallo sola y ella cuenta 

con la corte y con su voz. 

En un tiempo, mi deseo 

hacia una revolución; 

como han pasado los años 

desertan los hombres hoy 

de mis banderas... No importa! 

sé intrigar ybasto yo... 

Pero se ha marchado el Conde? 

Una orden de prisión 

debe darme.— Sandoval 

me estorba aqui con su amor. 

(Llega el Conde por la escalera del fondo muy 

descompuesto, y se deja caer en un sillón.) 

ESCENA X. 

Conde y Duquesa. 

Conde. Ay, Duquesa! (Por fin llego 

á puerto de salvación.) 
Duquesa. Conde, venís alterado; 

algún contratiempo? 
Conde. No; 

vengo debatirme. 
Duquesa. Cómo! 

Conde. Aqui me veis vencedor. 

—Sandoval y Farinelli 

me insultaron; pero yo, 

que cuando me pican salto, 

les pedí satisfacción. 



— 45 — 

Salimos hechos tres fieras: 

yo parecía un león! 

y al llegar á San Gerónimo, 

la escaramuza empezó. 

Ah! vuelvo Heno de orgullo! 
Duquesa. Los habéis matado? 
Conde. No; 

pero he vencido. 
Duquesa. Me alegro. 

— Conde, un hombre grande sois! 

Dejadme estrechar las manos 

vencedoras. 
Conde. (Se levanta.) No: no son 

mis manos las que han vencido: 

fueron mis piernas, pues yo 

di á correr y no pudieron 

darme el alcance los dos. 
Duquesa. Conde! es posible! 
Conde. No sé 

en qué consiste el valor. 
Duquesa. En no tener miedo. 
Conde. Ya. 

Duquesa. Y la orden de prisión? 
Conde. (La saca.) Aquí está. — Viene, Duquesa, 

muy en forma: al portador. 
Duquesa. (Coge con alegría el papel y no lo desdobla.) 

Dadme acá. (Soberbio golpe! 

Voy á vengarme!) — Entrad vos 

entre bastidores. 
Conde. Bueno. 

Duquesa. Haced que corra la voz 

de que han preso ó que han matado 

á Sandoval. 
Conde. (Riéndose.) Pobre amor! 
Duquesa. (Con ironía.) De esa manera, Julieta 

se altera, su turbación 

le impide cantar; la corte 

muestra su disgusto, y yo 

digo al rey que el italiano 

anda en la intriga. 
Condb. Sí: voy. 

(Entra por la primera puerta.) 



ESCENA XI. 

Duquesa. 

Pobre Conde!— Sandoval, 

mi venganza te alcanzó; ' 

mañana el rey va de caza 

y estarás en la prisión; 

Julieta pide por tí, 

y entonces me opongo yo; 

Broschi se mezcla, y la reina 

verá que es cierto su amor. 

(Se acerca á la escalera y llama.) 

— Guardias! — Qué gusto! en palacio 

hago una revolución. 



ESCENA XII. 

Duquesa y Un Oficial. 

Oficial. Señora... 

Duquesa. - Dispone el rey 

• cumplir esa orden. 
Oficial. Voy 

al punto. 
Duquesa. Me daréis parte 

cuando esté hecha la prisión. 

(Se oyen aplausos dentro.) 

(Cómo! aplauden todavia? 

Sabrás, Julieta, quién soy.) 

(Entra por la segunda puerta) 
íhI \ ■ ■■■ 

ESCENA XS3I. 

Oficial. — Después Broschi. 

Oficial. La Duquesa? No lo entiendo! 
Uaa orden de prisión 



— 47 — 

por conducto de una dama? 

Aqui hay un misterio. — Yo... 

Qué me importa? Si le prendo 

cumplo con mi obligación. 
Broschi. (Muy satisfecho, por la segunda puerta.) 

Oh! divina! como nunca! 

no la ha cantado mejor 

ninguna artista del mundo; 

pero se esfuerza: sí, voy 

á prevenirla. 
Oficial. (Está loco! 

Un músico! y con favor!) 
Broschi. (Se detiene al ver al Oficial.) 

Qué esperáis? 
Oficial. Nada: cumpliendo 

un mandato regio estoy. 
Broschi. A estas horas? (Nada sé.) 
Oficial. Mandan poner en prisión 

á un individuo. 
Broschi. Su nombre? 

Oficial. No lo sé; un papel me dio 

la Duquesa con la orden... 
Broschi. La Duquesa? (Pues yo soy.) 

Dadme, porque saber quiero..; 

(Coge el papel, lo lee y se rie.) 

Magnífico! es un bribón! 

— Bajad; disponed la escolta 

para que lo prendan. 
Oficial. Voy. (Baja la escalera. ) 

Broschi. (Con satisfacción muy marcada.) 

En blanco han dejado el nombre? 

lo olvidaron? Pues yo no. 

(Se dirige á la mesa y escribe^) 

Quieres prenderme, Duquesa? 

Aprende con mi lección 

á ser un poco mas cauta. 

(Sube el Oficial con algunos soldados que se 

quedan al fondo. Broschi devuelve la orden.) 

—Tomad. —Pronto! y cuidad' vos 

del preso, que es importante, 

pues lo prenden por traidor. 

(Entra por la segunda puerta.) 



— 48 — 
ESCENA XIV. 

Oficial. — Después El Conde. 



Oficial. 


Por traidor? A ver el nombre 




pues lo dice este papel. 




(Lee. Sale el Conde muy alegre y frotándose 




las manos.) 


Conde. 


El mensaje cumplí fiel. 




Bravo! soy un grande hombre! 


Oficial. 


(Le mira.) (El mismo.) En nombre del rey, 




señor Conde de Almudena, 


r 


la espada. 


Conde. 


(Espantado.) Qué? 


Oficial. 


Me da pena; 




pero cumplo con la ley. 


Conde. 


Mi espada? Considerad 




lo que decís! — Preso yo? 


Oficial. 


El rey asi lo mandó 




y yo lo cumplo. — Mirad. 




(Le enseña el papel, lo lee el Conde y da un 




sello.) 


Conde. 


(Qué es lo que miro? No entiendo. 




He intrigado contra mí! 




Puesto que yo la pedí 




boy á mí mismo me prendo. 




Ab, Duquesa! me has armado 




una emboscada muy buena, 




pero el Conde de Almudena 




castigará tu atentado.) 


Oficial. 


Conde, la espada entregad. 


Conde. 


Me lleváis preso? 


Oficial. 


Sí. 


Conde. 


Voy. 




(Saca la espada.) 




(De nada me sirve.) Estoy 




dispuesto; vamos. — Tomad. 




(Al darla espada, se detiene, se la queda con- 




siderando y canta.) 



— 49 — 

(A tí que me serviste 

de puro adorno, 
hoy el rey te reclama: 

afuera estorbos! 

Vete con Dios! 
tú hablarás como nadie 

de mi valor.) 



Tomad. — Juro por mi nombre 
que es un modelo esa espada 
por lo pura y recatada: 
no hizo cara á ningún hombre. 
— Vamos. 
Oficial. (Coge la espada y se He.) A cuidar me obligo 
'esta doncella. — Bajad. 
(Me pagarás tu maldad, 
Duquesa! Soy tu enemigo!) 
(Se detiene al fondo.) 
—Os duelen males ágenos? 
Mucho. 

Pues debéis mandar 
que antes me den de cenar: 
los duelos con pan son menos. 
(El Oficial se He, y bajan con los soldados 
por la escalera. Apenas desaparecen, sc/íBros- 
chi, aparentando que observaba todo.) 



Conde. 



Oficial 
Conde. 



ESCENA XV. 

Br^schi. 

Ah, Conde! ya estoy veDgado. 

Ahora lo que interesa 

es parar á la Duquesa 

el golpe que ha preparado. 

(Entra por la primera puerta.) 



— 50 — 

ESCENA XVI. 

Duquesa. — Después El Ofici/l. 

Duquesa. AL! Julieta se defiende, 

pero vacila en su canto; 

poseida del espanto 

canta con fiebre y se vende. 

Esta noche á Broschi mira 

el rey con desconfianza; 

al fin brilla la venganza 

del desprecio que me inspira. 

(El Oficial sube la escalera.) 
Oficial. Cumplida queda la ley. 
Duquesa. (Si se llegan á enterar!...) 

— Qué hizo? 
Oficial. [Son riéndose.) Pedir de cenar. 
Duquesa. (Frunce el ceño.) Está satisfecho el rey. 

(Se retira el Oficial.) 

— Ah! Didome desafia? 

— Preso tu Eneas, verás 

qué poder alcanza mas: 

tu canto ó la intriga mia. 

(Salen precipitadamente por la segunda puerta 

las Damas y Caballeros.) 



ESCENA XVII. 

Duquesa, Caballeros y Damas. 

FINAL. 

Coro de Cab. Se ha turbado el espectáculo! 
Dido amante, 
la cantante 
que aclamaba todo el público, 
en la escena se cayó. 
Duquesa. Caballeros, al instante 



- 51 — 

referid lo que pasó. 
Coro de Cab. La cantante, 

ya turbada, 
desmayada 
en la escena se cayó. 
Coro de Damas. Inspirada por la música, 
la cantante, 
que su amante 
la abandona, siente un vértigo 
y en la escena se cayó. 
Duquesa. Referid, que el caso es grave, 

lo que el vértigo causó. 
Coro general. No se sabe: 

ya turbada, 
desmayada 
en la escena se cayó. 
(Salen por la primera puerta Broschi y varios 
hombres que traen á Julieta desmayada en 
un sillón.) 



ESCENA XVIII. 

Dichos. — Broschi y Julieta. 

Duquesa. Desmayada? 

Broschi. (Le cierra el paso.) (Si, Duquesa. 

Apartad... No entendéis? 
Duquesa. (Estremeciéndose.) No. 

Broschi. Separar es conveniente 

al gusano de la flor. 
Duquesa. (Con ira.) Farinelli! 
Broschi. Vuestra intriga 

sus sentidos trastornó.) 
Coro. Ya suspira, ya parece 

que recobra la razón. 

(Broschi se acerca tí Julieta, que vuelve en sí. 
Julieta. Ah! qué es esto?... por qué sufro?... 

Y mi Alfonso?... Ay! qué dolor! 

(Se lleva las manos al corazón.) 
^oscm. (Infeliz!) 



Duquesa. (Mirando con rabia á Broschi y ú Julieta:) 

(Cuánto la quiere!) 
Julieta. Qué me pasa?... Dónde estoy? 

(Se levanta apoyada en el brazo de Brúschi.) 
Broschi. Ven, Julieta; el aire libre 

calmará tu agitación. 
Julieta. Y mi Alfonso? Quiero verle! 

(Se dirige á los Caballeros.) 

— Besponded: ha muerto? 
Broschi. (Sorprendido.) No. 

(Está loca!) 
Julieta. Lo han matado? 

Ah! decídmelo por Dios! 
Cono. No sabemos, no sabemos 

lo que á Alfonso le ocurrió. 

(Aparece Sandoval por la escalera. Sorpresa 

general.) 

ESCENA XIX. 

Dichos. — Sandoval. 

Todos. Sandoval! 

Saísdov. (Con sorpresa.) Pues qué sucede? 

Me sorprende esta emoción! 
Julieta. Ay! al verte vivo lloro, 

pues lloré muerto mi amor. 
Duquesa. (.4 Sandoval.) Vos no habéis estado preso? 
Broschi. (Era suya la prisión.) 



Sa?<dov. (Con ironía.) Duquesa, no comprendo! 

Yo preso? No lo sé. , • 

Yo muerto? Aunque lo ignoro, 

por Dios que puede ser! 
Julieta. Alfonso! en mi delirio 

cantando te busqué; 

perdí el sentido luego: 

feliz! te vuelvo á ver. 



— 63 — 

Broschi. Aquí luce un misterio 

que yo lo esplicaré. 
Que. diga la Duquesa 
quién os mandó prender. 

Duquesa. La chanza es muy pesada; 
mas callo porque sé 
que á mí bien me conocen 
y que os cohocen bien. 

Coro. (MisLerios en palacio 

muy graves suelen ser, 

y solo la malicia 

los puede sorprender.) 



Sandoví Qué! prenderme han intentado? 
Broschi. La Duquesa... 
Duquesa. Cómo! No. 

Broschi. Lo demás deciros puede. 
Duquesa. Broschi! (El Conde es un traidor!) 
Julieta. (¡Cuánta infamia!) 
Sandov. (Mi enemiga? 

El motivo sabré yo.) 



Duquesa. (Mi sangre toda 

la siento hervir! 

lava despide 

mi frenesí! 

Estoy perdida! 

y he de sufrir 

que me hagan burla 

los tres aquí?) 
Julieta. (A Sandoval.) No me rechaces, 

que no soy vil; 

piedad te pide 

esta infeliz. 

Quizá lleguemos 

á descubrir 

ese misterio 

que pasa aquí. 



— 54 — 
Sandoval. Una sorpresa 

causé al venir, 
y tú desmientes 
lo que yo vi. 
No hay un misterio 
que descubrir; 
yo bien conozco 
lo que hay aquí. 
Bíoschi. (A Sandoval.) Hay un enredo 
que descubrir: 
hay una trama 
que sorprendí; 
mas la duquesa 
dehe decir 
ese misterio 
que pasa aquí. 
Coro. Nadie se atreve 

á descubrir 
quién una trama 
la enreda así. 
Quién en palacio 
lo ha de decir 
si de misterios 
se vive aquí? 



FIN DEL ACTO SEGUNDO. 



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ACTO TERCERO. 



Terreno montuoso al fondo y á la derecha. — A la iz- 
quierda, una llanura. 



ESCENA PRIMERA. 
COBO se Cazadores. 

En el monte la caza nos llama; 
la fiera atrevida 
que huyó perseguida 
se habrá de cansar. 

(Tocan la corneta de caza.) 

Tararí, tararí, tarará. 



Hacia el monte veloz como el aire 

tomó su carrera; 

su rastro á la fiera 

debemos seguir. 
(Vuelven á tocar.) 
Tarará, tarará, tararí. 
(Se internan en el monte.) 



.— 56 — 

ESCENA II. 

Duquesa y Doña Inés. (En traje de cazadoras.) 

Duquesa. Venid: la caza fatiga; 

un instante descansemos. 
Inés. El rey se olvida de todo 

cuando está cazando. 
Duquesa. • El tiempo -; 

en la música y la caza 

lo comparte siempre. 
Inés. - - Un ciervo 

habéis matado, Duquesa; 

tenéis el ojo certero. 
Duquesa. Hoy en la corte es preciso 

que se dedique al solfeo 

y á la caza el que pretenda 

que estén los reyes contentos. 
I.nés. Así, no estraño que Broschi... 
Duquesa. A propósito, sospecho 

que está triste. 
Inés. Quién lo duda? 

Motivos hay para ello, 

pues con lo ocurrido anoche 

el rey le pone mal gesto. 
Duquesa. Se sabe el motivo acaso 

de encontrarse el Conde preso? 
Inés. El rey lo ignora. 
Duquesa. Es preciso 

que valiéndose de un medio 

cualquiera, su magestad 

sepa que fué Broschi... 
Lnés. Bueno; 

con decírselo á Ensenada... 
Duquesa. Son muy amigos. 
Ixes. • Primero 

es el rey; en el palacio 

la amistad no existe. 
Duquesa. Es cierto. 

Los caballos en el monte 

esperan; id al momento: 



Oi — 

le referís á Ensenada 

que al Conde pusieron preso 

con una orden que él mismo 

le dio ayer, y que esle euredo 

lo hizo Brosclii. — Allá eü seguida 

voy. 
Inés. Me esperáis? 

Duquesa. Os espero 

en el monte con la reina 

cuando comience el ojeo. 

ESCENA III. 

Dlquesa. 

Farinelli, no te escapas; 

entre mis garras te tengo; 

esta partida la gano, 

y si por desgracia pierdo, 

como te arrastre conmigo 

por Dios'que contenta quedo. 

Perdí anoche la jugada 

por un maldito misterio 

que no me esplieo; esa orden 

de prisión... Me comprometo, 

que he' cometido un abuso. .. 

Ño importa; el Conde está preso 

y nadie venderle puede 

á la corte mi secreto. 
(Sale por la izquierda el Conde con el mismo traje que 
en el acto anterior.) 

ESCENA IV. 

Duquesa y Conde. 

Conde. Ah, Duquesa! Buenos días. 

Duquesa. (El Conde!) Adiós. 

Conde. Aquí vengo 

en busca vuestra y del rey. 
Duquesa. Mucho os echaba de menos. 



— S8 — 

Conde. (Con ironía.) Yo también á vos, Duquesa; 

no tenéis un gran talento. 
Duquesa. Por qué? 
Conde. Cuando un aliado 

estorba á los planes, creo 

que debe pensarse mucho 

para quitarlo de enmedio, 

porque el peor enemigo 

es un cómplice. 
Dsquesa. No entiendo 

lo que me decís. 
Conde. De veras? 

No sabéis que estaba preso? 
Duquesa. Si; pero ignoraba... 
Conde. Ya; 

os esplicaré el misterio: 

llevé la carta de Urías 

y con ella me prendieron. 
Duquesa. No lo esplieais. 
Conde. •* El ministro, 

que es mi amigo, mostró empeño 

en averiguar la causa 

de mi prisión, y recelo 

que la sabe, pues ha poco 

que á Madrid mandó un correo 

desde el Pardo; y heme aquí 

á hablar con el rey dispuesto 

para que vuestra perfidia 

se aclare. 
Duquesa. Conde! 

Conde. No temo 

á vuestro poder, Duquesa; 

seguid poniéndolo en juego. 
Duquesa. (Vá á perderme.) Escuchad, Conde. 
Conde. No, no: nada escuchar quiero. 



DÚO. 

Duquesa. No soy vuestra enemiga; 

queréis la guerra? 



— ' 59 — 





la muger irritada 




es una hiena. 


CONDE. 


Y las mugeres 




cuando blandas, son todas 




unas serpientes. 


Duquesa. 


(Sonriéndose.) Qué serpientes penetran 




en vuestro pecho 




si cerrojos y llaves 




le echáis por dentro? 


Conde. 


Pues han entrado 




amansadas, y el pecho 




me han destrozado. 


Duquesa. 


(Con afectada ternura.) Mi pasión, caro Conde, 




no fué mentira; 




aun por vos siento el alma 




muy derretida. 


Conde. 


(Señala al corazón.) Pues ya esta piedra, 




eslabón de esos ojos, 




no da candela. 


Duquesa, 


(Mas afectada.) Me engañáis; no lo creo: 




os quiero tanto. 


Conde. 


(Con gracia.) No me habléis de ese modo, 




que soy muy blando. 


Duquesa. 


(El necio duda.) 


Conde. 


(No me engaña: le he visto 




unas arrugas.) 



Duquesa. Seremos amigos: 

me habéis de querer. 
Los dos, enemigos, 
podemos perder. 
No, no: 
no debéis rechazar mi pasión. 
Conde. No soy anticuario: 

no busco moger 
que vio al calendario 
diez lustros volver. 
No,. no: 
yo rechazo tan dulce pasión. 



60 — 



Duquesa. 


Qué insulto! 


Conde. 


(Le señala á la cabeza,) Esa cana 




os vende. 


Duquesa. 


(Turbada.) No, no. 


Conde. 


Sí, sí: esta mañana 




del dedo escapó. 


Duquesa. 


(Con ira disimulada.) 




Ah, Conde! sois viejo 




y os vais á burlar? 


Conde. 


Buscad un espejo: 




queréis comparar? 


Duquesa. 


(Oh! mi venganza 




será cruel, 




pues la alianza .. ■ 




rompe el infiel; 




este malvado 




sin compasión 




ha destrozado 




mi corazón.) 


CONDE. 


(Es mi venganza 




algo cruel, 




mas la alianza 




rompió la infiel; v 




ya estoy vengado: 




sin compasión 




he destrozado 




su corazón.) 



Duquesa. Guerra queréis? - 
Conde. Guerra á muerte! 

Duquesa. Está bien, Conde: la acepto. 
Conde. (Con importancia.) 

Hablaré al rey y al ministro... 
Duquesa. (No les hablarás: lo ofrezco.) 

(Penetra en el monte.) 



— 61 — 

ESCENA V. 

Conde. 

Me lie batido como un bravo. 
Vas irritada? — Lo creo: 
no me seduces, Duquesa, 
porque te conozco el juego. 
Quieres librarte de mí, 
te estorbo y me pones preso; 
pero soy hombre muy crudo... 
(Mira á su alrededor.) 
con personas de tu sexo. 
''■■'■■ 

ESCENA VI. 

Conde. — Broschi (de cazador). 



Broschi. 


Hola, Conde! habéis salido 




de la jaula? — Lo celebro. 


Conde. 


Y yo también. 


Broschi. 


Me diréis 




por qué motivo os prendieron? 


COXDE. 


Cuestión de faldas. 


Broschi. 


De veras? 




(También este es embustero.) 




— Quién os prendió? 


CONDE. 


Quién? — Yo mismo, 


Broschi. 


Soberbio gusto! 


Conde. 


Aqui llego 




á vengarme del traidor. 


Broschi. 


Pues si vos os ponéis preso, 




de quién tratáis de vengaros? 


Co?íde. 


De mí. 


Broschf. 


Conde, no os entiendo. 


Conde. 


Pues yo sé lo que me digo. 




— Farinelli, soy un necio. 


Broschi. 


Basta que vos lo digáis, 




pues de ese modo lo creo. 



62 — 



Conde. 


Muchas gracias.— La Duquesa 




es agente del infierno, 




y á mí no me gustan pactos 




con el demonio. 


Broschí 


Comprendo. 


Conde. 


Hoy le declaro la guerra. 


Broschí. 


Vos! 


Conde. 


Soy un gran guerrillero; 




me he pasado al enemigo, 




y aqui me tenéis dispuesto 




á hacer frente á su privanza 




con mi poder. 


Broschí, 


. (Le da la mano.) Bien: lo apruebo 




Está intrigando. 


Conde. 


Qué importa? 




Broschi, no hay que tener miedo: 




la muger es como el sol: 




da vida y mata su fuego, 




mas se pone, y todos huyen 




de su sombra, porque es hielo. 


Broschí. 


Ya sentís frió? 


Conde. 


(Sonriéndose.) Sus rayos 




ya los despide mi pecho. 




— Ella me prendió. 


Broschí. 


Es posible? 




Eso es inicuo! 


Conde, 


Perverso! 



pero rae voy á vengar; 
el grito pondré en los cielos. 
Broschí. Haréis muy bien. (La fortuna 
las espaldas no me ha vuelto.) 





ESCENA Vil. 




Dichos. — Sandoval. 


Sandov. 
Broschí, 


Aqui los dos? 

Sandoval, 




persistís en vuestro sueño? 
Para qué venís al Pardo? 


Sandov. 


(Con amargura.) 

Vengo, señor Broschi, huyendo 



— 63 — 





de la sonrisa de un mundo 




que me marca con el dedo. 


Broschi, 


, Estáis loco? 


Sandov. 


Mi Julieta 




me ha engañado; yo no acierto 




á separar de lamente 




este horrible pensamiento. 




Hay urdida alguna trama 




que no conozco ni entiendo: 




he salido de Madrid 




y á buscar los montes vengo. 


Conde. 


Cuidado, que hay cazadoras, 




y son sus tiros certeros; 




para hacerse anacoreta 




no es este sitio muy bueno. 


Sandov. 


Vuestras chanzas, señor Conde, 




como siempre, las desprecio. 


Conde. 


Sandoval, soy aliado. 


Sandov. 


Vuestra alianza no quiero. 




(A Broschi.) 




— Y vos, por quien he perdido 




mi felicidad, mi ensueño, 




debéis pensar que me cansa 




la vida. Llegó el momento 




de decidir esta lucha. 


Broschi. 


Queréis decir que no hay medio 




de que esa duda se aclare? 


Sandov. 


Uno solo. 


Broschi. 


Cuál? 


Sandov. 


Un duelo. 


Broschi. 


Entre nosotros? 


Sandov. 


Sí, Broschi. 


Brosciii. 


Necesito convenceros. 


Conde. 


No lo intentéis, porque está 




como enamorado, ciego. 


Broschi, 


, No es posible. 


Sandov. 


No querréis 




que os afrente? 


Broschi. 


(Con ira.) No: lo acepto. 


Conde. 


(Se interpone.) Beparad las consecuencia*. 


Sandov. 


(Con sarcasmo.) Es muy precavido el miedo 


Conde. 


El miedo es una virtud. 



Satídoy. (A Broschi.) Venid : á los montes luego: 
nos marcamos la distancia, 
y cuando pase algún ciervo, 
á una señal disparamos; 
veis que de este modo el muerto 
se juzgará que fué víctima 
de un acaso. 

Broschi. (Tranquilo.) No: no puedo 
aceptar el desafio. 

Sandov. Esperadme y lo veremos. 

Broschi. (Pobre mozo! está irritado 
y su delirio respeto.) 

Conde. Vamos, Broschi; el rey 3guarda. 
(Voy á quitarlo de enmedio.) 

Broschi. Hasta 'después, Sandoval. 

Sandoy. No esperareis mucho tiempo. 



ESCENA VIII. 

Sandoval. 
ROMANZA. 

Morir por una pérfida 

sin fe, sin corazón! 

Mentira son sus lágrimas! 

mentira su pasión! 

La amé cual niño candido; 

mi vida era su amor. 

La muerte es solo el bálsamo 

calmante á mi dolor. 



ESCENA IX. 

Sandoval. — Julieta (de negro, convelo). 

Julieta. Alfonso! 

Saxdoy. (Con ironía.) También aqui? 



Julieta. 



Sandov. 
Julieta. 
Sandov. 



— 65 — 

Vienes al Pardo á cazar? 
(Con dignidad y alzándose el velo.) 
Alfonso, vengo á buscar" 
mi honra y tu amor. 

Vienes?... 
Sí. 



Me engañas: eres muger; ! 

viero c de la fiesta en pos 

á go;c"r.— Vé: vive Dios 

que lo debí comprender! 
Julieta. Oh! me tratas sin piedad! 

Alfonso, recobra el juicio; 

no hay en tu alma un resquicio 

por donde entre la verdad? 
Sandov. Verdad! amor! vanas ciencias 

que no estudia un mundo loco! 

la verdad vale tan poco 

en un mundo de apariencias! 
Julieta. Tú no vives para mí 

porque tu amor no es profundo; 

yo no vivo para el mundo: 

vivo solo para tí. 

Nada mancha mi honradez; 

nada: calma tu inquietud; 

de no sobrarme virtud 

me sobrara mi altivez! 

Tuya, Alfonso, es mi pasión; 

con toda el alma te í.doro! 

No estás viendo cómo lloro 

con llanto del corazón? 
Sandov. No: me robaste la calma 

y lo que padezco ignoras... 

Llorar! es en vano: lloras 

sin que lo sepa tu alma. 

(Julieta se estremece.) 

Julieta, no sé fingir 

y tú sabes engañar; 

enséñame tú á llorar: 

yo te enseñaré á sufrir. 
Julieta. (Con dignidad.) Basta, Alfonso! ja no debo 

tanta mengua tolerar. 
Sandov. A qué viniste? 



— 66 — 

Julieta. A buscar 

al rey.' 
Sandov. (Impaciente.) A qué? 
Julieta. No me atrevo 

á decir ya mi in tención, 

pues si el mundo la supiera 

también arma la volviera 

contra mi pobre opinión. 
Sandov. Habla. 
Julieta. Quise ver ai rey 

porque anocbe me dijeron 

que al Conde por tí prendieron... . 
Sandov. Deja que caiga la ley 

sobre mí: soy inocente. 
Julieta. Alfonso, también lo soy, 

y el mundo sus iras boy 

arroja sobre mi frente. 
Sandov. (Con sarcasmo.) El mundo?... Julieta, adiós. 
Julieta. Te vas? 
Sandov. (La coge por el brazo.) Tengo que cumplir; 

un deber... Voy á morir. 
Julieta. Ah! moriremos los dos! 
Sandov. No, no: el mundo te reclama. 
(Con tono amenazador.) 

Voy á morir ó á matar. 
Julieta. Cielos! 
Sandov. Quiero conquistar 

los pedazos de tu fama. 
Julieta. Me estás matando! 
Sandov. (Core alegría insultante.) Me aguarda 

en el monte Broscbi. 
Julieta. (Desolada.) No! 

Sandov. Si oyes tiros, él ó yo... 
Julieta. (Quiere detenerlo.) 

Ven. 
Sandov. Es cobarde el que tarda. 

(Rechaza á Julieta y se interna en el monte.) 



— 67 — 
ESCENA X. 

JoLTETA. 

Ah! qué te hice yo, Dios mío, 

para tratarme cruel? 

Es mi delito ser fiel 

y como crimen lo espió. 

Mi sangre toda se altera! 

(Suenan en el monte trompetas de caza .) 

— Qué rumor se oye!... Serán 

los cazadores que van 

corriendo tras ele la fiera. 



KOSIASZA. 

Ah! por qué le adoro tanto 
si el amor ardiente mata? 
Ah! por qué, pobre insensata, 
le dá el mundo la razón? 
Por qué el alma, siempre noble, 
intranquila en su desvelo, 
en la mente sueña un cielo 
si un infierno es la pasión? 
. Ah! por qué si no hay consuelo 
no me arranco el corazón? 
(Se cubre el rostro con las manos y llora.) 



Mi pobre Alfonso! 

dónde estará? 

Horrible duelo! 
(Haciendo un esfuerzo para sonreírse.) 
Ah! me quiso atormentar! 
(Se oyen dos tiros. — Julieta se estremece y dá 
un grito.) 

Cielos! ha muerto! 



— 68 — 

Era verdad! 

Lucha tremenda! 
Dios! tened de mí piedad! 
(Salen los Cazadores trayendo en brazos a l 
Conde, muy empolvado. — Julieta se adelanta 
eon espanto.) 

ESCENA XI. 

Jblieta, Conde y Cazadores. 



Coro. 


Qué suceso tan estraño! 




Qué suceso tan fatal! 




Pobre Conde! lo han herido! 




Qué desgracia ó qué maldad! 


Conde. 


Ay, ay, ay! 


Julieta. 


La desgracia 




referid; 




no está muerto? 


Conde. 


(Inclinándose.) Muerto? — Sí. 


Coro. 


Cuando el ciervo en su carrera 




por el monte iba á cruzar, 




le tiraron: cayó el Conde... 




Qué feroz calamidad! 


Conde. 


Ay, ay, ay! 


Julieta. 


No le han muerto. 


Coro. 


Vive. 


Conde. 


Voy 




comprendiendo 




ya que no. 


Coro. 


El susto fué grande: 




el lance fatal. 


Conde. 


Ay, ay, ay! 


Julieta. 


(AZ Conde.) Qué ha pasado? 


Conde. 


Por un ciervo 




me han tomado! 




El error es criminal! 




Si el suceso 




se propaga, 




un proceso 




mi muger manda formar. 



— 69 — 

(Se lleva las manos á la cintura haciendo 
gestos.) 

Ay, ay, ay! 
Coro. No fué nada: 

sano está; 

pasó el miedo: 
nos volvemos á cazar. 
(Se retiran los Cazadores.) 



ESCENA XII. 

Jdlieta y CorsDE. 

Julieta. Ah, señor Conde! tened 
de mis dolores piedad! 

Conde. Es gracioso! Y quién, Julieta, 
de los mios la tendrá? 
Estoy desencuadernado! 
Difícil fuera contar 
los cardenales: mi cuerpo 
hecho un consistorio está. 

Julieta. Dos tiros se oyeron. 

Conde. {Compungido.) Sí: 

se lo podéis preguntar 
á mi caballo, mi noble 
compañero: un alazán 
muy gallardo y muy fogoso... 
— Crucé el monte: iba á buscar 
al rey, y escuché el silbido 
de dos balas: pataplan! 
dio mi caballo una vuelta, 
suspiró y no dijo mas. 

Julieta. Quién lo mató? 

Conde. No'lo sé. 

Julieta. Y Alfonso de Sandoval? 

Conde. Sandoval? Hace muy poco 
que el monte le vi cruzar 
en busca de Farinelli. 



— 70 — 

Julieta. De Brosclji? A batirse \an! 

Corred, Conde. 
Conde. Correr yo 

cuando apenas puedo andar! 

ESCENA XSIL 

Dichos. — Broschi (muy agitado). 



Bkoschi. 


(Al Conde.) Al fin os hallo. 


Conde. 


Qué ocurre? 


Julieta. 


Broschi, demudado estáis! 




Y Alfonso! 


Broschi. 


Estamos perdidos! 


Julieta. 


(Con espanto.) E! duelo?... 


Broschi. 


No, es algo 


Conde. 


La Duquesa? 


Bkoschi. 


Esa muger 



Conde. 



Broschi. 
Conde. 



Broschi, 



es una sierpe inLeraál; . 
tiene favor con los reyes 
y les ha hablado de un plan 
que he urdido yo, y de un abuso 
de prisión. — Su magestad, 
cuando llegué, frunció el ceño 
y me mandó desterrar; 
en los labios de la corle 
vi una sonrisa falaz. 
Esloy perdido, Julieta! 
— Ah mundo! 

Voy á probar 
si hablando con Ensenada 
esta cabala fatal 
destruyo... Pero si estoy 
tan molido que montar 
no puedo. 

Por qué? 

Por nada. 
Me falta lo principal: 
el caballo: lo mataron 
los cazadores... 

Tomad, 



- 71 - 

Conde, mi tordo; en el monte 
atado á un árbol está. 
Conde. Voy. — Dios quiera que mis piernas 
me permitan cabalgar! 

ESCENA XIV. 

Julieta, Broschi. — Después Sandoval. 

Broschi. Estamos perdidos, sí: 

no tiene remedio el mal. 
Julieta. Y mi Alfonso? 
Broschi. Sandoval 

persiste en su frenesí. 
Julieta. (Con alegría.) El viene. 
Sa;sdov. (A Broschi.) Sí: — Os aguardé 
. mas tiempo del que debía, 

(Con ironía.) 

y aquí os encuentro? A fé mi 

que no en balde lo pensé. 
Julieta. Cese al cabo tu inquietud 

y ea lo que .dices repara; 

no ves, Alfonso, en mi cara 

el rayo de la virtud! 
Broschi. Sandoval, si no respeta 

vuestro amor la ceguedad, 

á lo menos, respetad 

la desgracia de Julieta. 

También me tiene agobiado 

el peso de mi desgracia. 
Sandov. No entiendo... 
Broschi. Perdí la gracia 

del rey, pues me ha desterrado. 
Sandov. A vos, que según parece 

os adora el soberano? 
BROScni. El incienso cortesano 

es humo y se desvanece. 
Julieta. Está perdido. 
Sandov. Y mi amor? 

Julieta. Si en mi corazón leyeras, 

tu amor, Alfonso, le vieras 



— 72 — 

puro y limpio cual mi honor. 

Sakdov. Os burláis de mí? 

Broschi. (Le coje una mano á Sandoval.) 
Ese mundo 
que de apariencias se paga, 
siempre goza cuando apaga 
la llama de amor profundo. 
Si á Julieta amara yo 
rompiera tan dulces lazos 
y la echara en vuestros brazos 
(Coje de la mano á Julieta que llora.) 
esclamando: «Es vuestra?» No. 
Sandoval, ella os adora; 
lian ultrajado su honor; 
es un tesoro de amor... 
Alfonso, ved cómo llora. 

Sandov. Esta lucha!.. AI fio recobra 
mi cabeza la razón. 

Bnoscm. Es que vuelve al corazón 
la luz. Acabad la obra. 

Julieta. Alfonso! 

Sandov. Julieta! 

Broschi. (Tratando de unirlos.) . 
Vamos; 
dad al olvido el desden. 
(Sandoval y Julieta se abrazan.) 

Julieta. Soy feliz! 

Sandov. Y yo también! 

Julieta. Hoy el mundo abandonamos; 
yo, la escena: tu, la espada 
en la corte dejaremos, 
y lejos del mundo iremos 
á hacer la vida ignorada. 

Broschi. Iré con los dos allí. 

Mundo, perdono tu ofensa. 
— Hoy vuestra dicha compensa 
la fortuna que perdí. 



— 73 — 

ESCENA XV. 

Dichos. — Duquesa. 

Duquesa. (Con alegría insultante.) 

Parece que está abatido 

Farinelli? 
Broschi. No, señora; 

os engañáis: hasta ahora 

vuestra bondad no he advertido. 
Duquesa. Mi bondad? No hallo razón 

que me esplique... 
Broschi. No me pesa 

vuestra venganza, Duquesa: 

me conviene esta lección. 

—Sois formidable enemiga. 
Duquesa. Soy terrible en mi venganza. 
Broschi. Vuestro poder mucho alcanza! 
Duquesa. (Sonriéndose.) Queréis que mi plan os diga? 
Broschi. No receléis que me importe 

mucho ese plan. 
Duquesa. He mentido 

hasta al rey, y he conseguido 

que os destierren de la corte. 

Un recurso siempre hallo: 

cuando el Conde á hablar partió 

al rey, doña Inés y yo 

le matamos el caballo. 

Tengo corazón! Me pesa 

que no sintáis la pasión. 
Broschi. (Con energía y con desprecio.) 

Si eso es tener corazón 

yo no le tengo, Duquesa! 

(Sale el Conde con aire triunfante al frente de 

los Cazadores. Emoción general.) 



— 74 — 

ESCENA XVI. 

Dichos. — Conde y Cazadores. 
FINAL. 

Conde y Coro. Vicloria! victoria! 
la intriga se hundió; 
renace Ja gloria 
del artista que el mundo admiró. 

Todos. Decid: qué sucede? 

Coro. El Conde lo oyó 

y él solo nos puede 
referir lo que el rey decretó. 
(Todos rochan al Conde ) 

Conde. Crucé ligero el monte 

y al rey llegúeme á hablar, 

que estaba prevenido 

por Ensenada ya; 

la lengua se me suelta, 

le acabo de contar 

la cabala maligna 

y pone turbia faz. 

(A. Broschi.) 

— Os nombra su ministro. 

La historia acabó ya. 

Todos. Ministro Farinelli? 

Broschi. Ministro yo? 

Conde. No hay mas. 



Conde tCoro. Si el ministro no se ablanda 
el gobierno marchará; 
pues un músico nos manda, 
buenas solías nos dará. 

Duquesa. (Este amor me vuelve loca! 
En la lucha va á ganar? 
Ya la rabia me sofoca! 
Hoy el rey me vengará.) 

Brosc hi. Yo ministro? No lo creo; 



— 7o - 

no nací para mandar; 
es el arte mi troteo: 
yo no sé mas que cantar. 
Sandov.'y Jul. Pues tu amor es muy profundo 
y en la corte morirá, 
buscaremos otro mundo 
donde el alma gozará. 



ESCENA ULTIMA. 

Dichos. — Doña Inés . 



Inés. (A la Duquesa.) La reina os quita la plaza. 
Duquesa. (Con ira.) Esto mas. 
Conde. (Con alegría, ú la Duquesa.) Ya me vengué. 
Bhoschi. Viendo estáis que vana fué, 

señora, aquella amenaza. 

Conoceréis vuestro yerro. 
Duquesa. (Con orgullo.) No. 
Broschi. Soy ministro, señora; 

pero lo seré una hora 

no mas. — Duquesa, os destierro. 
Duquesa. De vos lo esperaba todo. 
Broschi. Sí. — Gracias al rey daré, 

y el cargo renunciaré: 

al mando no me acomodo. 
Conde. E¡ rey la entiende á fe mia; 

lia iocado un buen registro: 

nombra á un músico ministro 

para que sobre armonía. 
Broschi. (Son riéndose.) Ya de música entendéis? 
Conde. Si: aunque canto como un buho. 
Broschi. (Le pone una mano sobre el hombro.) 

Si no os corres'?, el dúo 

á la Duquesa le haréis. 
Conde. Dúo? 

Broschi. (Con intención.) En la fuga. 
Conde. Ya sé: 

en la corte afinación 



— 76 - 

queréis? — Toco el violón: 

no rae desafinaré. 
Broschi. (Se interpone entre Sandovalj/ Julieta. ) 

Al fin cesó la inquietud? 
Sa>dov. Sí. 

Joueta. Yo la escena abandono. 
Bkoschi. No: en ella tiene su trono 

cuando ludia, la virtud. 

— Os casareis: protector 

seré de vuestros amores. 

(Dirigiéndose á todos.) 

— No quiero cargos ni honores: 

el arte será mi amor. 



Sandov. y Juliet. Amante el alma 
remonta el vuelo, 
buscando el cielo 
de la pasión. 
Ganó su palma 
mi amor profundo, 
y huye del mundo 
mi corazón. 

Conde y Coro. Con ese cargo 
él no se aviene, 
porque no tiene 
nuestra ambición. 
Pues sin embargo 
de su victoria 
sueña en la gloria 
su corazón. 

Dcquesa. (Hoy le dá muerte 

con su venganza 
á mi esperanza 
y á mi pasión. 
Por ser mas fuerte 
quedó vengado 
y ha destrozado 
mi corazón.) 

Broschi. Yo lego un nombre 

para la historia, 



- 77 — 

pues de mi gloria 
se hará mención. 
Feliz el hombre 
que lo conquista! 
Tengo de artista 
el corazón! 



PIN DE LA ZARZUELA. 



GOBIERNO DE LA PROVINCIA DE MADRID. 

Madrid 5 de noviembre de 1855. 

Examinada por el Sr. Censor de turno y 
de conformidad con su dictamen, puede re- 
presentarse. 

Benavides. 



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